HACIA UN SISTEMA EDUCATIVO QUE INTEGRE LA PREVENCIÓN DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS Y LA PROMOCIÓN DE LA SALUD MENTAL
El aprendizaje social y emocional puede definirse, de manera general, como el proceso de adquisición de competencias, habilidades y/o actitudes para reconocer y gestionar las emociones, desarrollar el cuidado y la preocupación por los demás, establecer relaciones positivas, tomar decisiones responsables y manejar situaciones difíciles, de forma que actúa como un factor de protección frente al estrés y a los problemas de salud mental.
En la actualidad, el aprendizaje social y emocional constituye un componente esencial de diferentes programas de prevención que integra la prevención de los problemas psicológicos y de la salud mental, y la promoción de la salud , incluyendo la resolución de conflictos, el aprendizaje cooperativo, la prevención del acoso escolar, el desarrollo positivo de los jóvenes y la promoción de la salud mental .
Recientes investigaciones demuestran que el aprendizaje social y emocional y los programas que potencian el bienestar psicológico de la comunidad educativa tienen efectos positivos en el éxito escolar, el abandono escolar, las habilidades sociales y emocionales, la autoimagen,
el abuso de sustancias, los problemas de salud mental o la conducta antisocial.
La incorporación de programas preventivos en entornos educativos , facilita enormemente la accesibilidad a los programas de bienestar psicológico por parte de los niños, niñas y adolescentes, las familias y el profesorado, así como garantiza la prevención, la derivación y la intervención temprana de tal manera que los estudiantes y sus familias pueden sentirse más cómodos para solicitar consejo o ayuda respecto a sus dificultades, por ser los espacios donde los jóvenes pasan más tiempo, después del hogar, lo que facilita la identificación temprana de problemas. En la medida en que los trastornos mentales aparecen típicamente en las primeras dos décadas de la vida y son la causa principal de discapacidad prevenir la aparición de estos problemas, o detectarlos tempranamente, resulta rentable a medio y largo plazo cualitativa y cualitativamente.

Asimismo, los centros educativos son espacios en los que es posible el trabajo coordinado con el niño o niña, el grupo de compañeros de clase, el alumnado en su conjunto, el profesorado y la familia, así como con otros servicios comunitarios, lo que potencia la eficacia de la intervención al fundamentar la actuación en esta aproximación ecológica.
Nos encontramos en un momento clave para llevar a cabo esta transformación. La pandemia ha pasado una enorme factura a la salud mental de la población y, especialmente, al bienestar psicológico de los menores, lo que enfatiza la necesidad y urgencia de reforzar el cuidado y dibujan una situación muy preocupante En el año 2021 se ha observado un incremento desproporcionado en este grupo de problemas de alimentación, adicciones, síntomas depresivos, duelo y ansiedad, la percepción de la propia salud por parte de los jóvenes ha empeorado notablemente en relación con años anteriores. Los síntomas de tristeza, cansancio, apatía y ansiedad resultan ser especialmente prevalentes entre las chicas más jóvenes los jóvenes declararon presentar un diagnóstico de depresión o de trastorno de ansiedad .
Se hace evidente, la necesidad de potenciar medidas eficaces para mejorar la salud mental en los centros educativos, incluidas acciones de evaluación e intervención psicológica en materia de prevención y promoción de la salud mental del profesorado, alumnado y sus familias desde la aportación de la psicología como disciplina y la del profesional de la Psicología, como experto en la conducta, altamente capacitados para la evaluación, la prevención, la promoción y la intervención en problemas de conducta en la infancia y adolescencia, gracias a sus conocimientos, habilidades y formación en aprendizaje.
Entre los desafíos y obstáculos que se evidencian en el contexto escolar, y que requieren una respuesta especializada, se encuentran los elevados índices de abandono y fracaso escolar, los problemas de salud mental (incluidas las conductas autolesivas, la ideación o la conducta suicida), la violencia escolar en todas sus manifestaciones (bullying, ciberbullying, violencia de género…), la adicción a las nuevas tecnologías y la prevención del consumo de drogas.“
La actualidad y los hechos tomados desde una perspectiva humanista nos muestra una sociedad sumergida en una mayor complejidad y diversidad. Sabedores de las necesidades adaptativas que los cambios requieren en la naturaleza sensible de los individuos, bastaría para conducirnos a generar y disponer de espacios de encuentro que acojan y den soporte a las demandas en función de las dificultades que surgen en la comunidad educativa acompañados de profesionales de la salud, incorporando progresivamente la figura del experto en Psicología en todas las plantillas de los centros educativos” que posibiliten los consabidos y necesarios reajustes tanto individuales como grupales, esto es, contribuir en definitiva a desarrollar comunidades sanas compuesta por individuos realizados en base a sus potencialidades, autorregulados y autogestionados emocional y mentalmente.