Realidad o ficción: Netflix en mi vida
Nadie puede decir que un gran plan de esparcimiento y relax no es mirar una serie o una película en la comodidad de nuestro hogar. El beneficio de acomodarnos en aquel lugar tan cómodo del sillón, de prepararnos algo rico para comer mientras disfrutamos del momento y estar vestidos con aquella ropa de “entrecasa”, va sumando motivos para tomar este plan como unos de los mejores.
Y nos ocurre que, al ser tan placentero, como con todo lo que nos agrada, queremos repetirlo una y otra vez, eso hace que nos quedemos «enganchados» con aquella serie y tengamos la expectativa de ver que ocurre en ella.
También nos ocurre que las historias nos suscitan emociones, nos identificamos con los personajes, con parte de sus historias o con su modo de ser. Eso hace que nos sumerjamos más y más en las historias, y creemos una especie de «vínculo» con aquello que se emite en la pantalla.
Con la pandemia, y el despliegue forzado dentro de nuestra casa de casi todas las actividades que antes hacíamos fuera (pensemos en la gimnasia o yoga en casa, el estudio en casa, el trabajo en casa) hizo que el entretenimiento en la intimidad del hogar nos acercara a este mundo donde somos espectadores de historias de «película».
Esa «salida al cine» había quedado paralizada en aquella etapa y se ha suplantado por ser espectadores de historias, películas y series desde la intimidad del hogar, con todos los beneficios que la comodidad de la casa trae y hemos mencionado al principio.
¿Qué nos deja «enganchados» en aquellas historias?
Es claro que la industria del cine y la televisión estudian qué producir para que nos resulte atractivo y popular su producto. «Engancha» con historias que enlazan con la vida de las personas de diversas maneras. Historias para todos los gustos con una dosis de realidad y ficción que hacen que nosotros como espectadores sintamos la atracción suficiente para no quitar la vista al producto que nos proponen.
¿Y a nosotros que nos ata a ello? ¿porque no puedo parar de ver estas cosas?
Y allí nos encontramos con la singularidad de cada uno. Este lazo que establecemos con la ficción nos remonta, por ejemplo, a un lindo momento compartido en familia o en pareja o con amigos. Aquellos momentos en los que estábamos aburridos y queríamos entretenernos con algo, o momentos en los que no queríamos pensar más en lo que nos preocupaba y buscábamos un mundo ficticio, con conflictos que no tengamos que resolver.
En este momento es válido que reflexionemos sobre cómo resolvemos nuestros conflictos, como ejemplo para graficar lo que mencionamos. Ante estados de estrés, angustias, situaciones conflictivas o desagradables tenemos diversos tipos de reacción. Muchas personas enfrentan aquellas situaciones que deben vivir a través de soluciones prácticas, otras generando algunos otros momentos que profundizan el problema y otros evadiéndose de la situación, intentando congelar el momento, al borde de negar el problema, esperando que algo mágico suceda para solucionarlo.

Evasión como solución
¿Alguna vez te ha ocurrido encontrarte ante un gran problema, (pérdida de tu empleo, por ejemplo) y tu solución fue sentarte en tu sofá a ver una serie por horas (o días)?
O ¿te has sentido solo, sin posibilidad de salir un sábado a la noche y te has quedado asistiendo a un film en tu hogar?
Ser espectador de otra realidad lejana a la nuestra, es un gran escondite para nuestros problemas. Dependiendo el nivel de evasión de la realidad en la que nos sumerjamos, va a ser la gravedad del problema.
Porque evadirnos sobre alguna situación problemática, que nos permita enfriar la cabeza, es un recurso muy común y hasta lógico que podemos utilizar. Lo que a veces ocurre es que ese sistema de «resolución de problemas» se extiende en el tiempo y se eterniza, lo que nos sumerge en un círculo vicioso sin límite.
A veces se convierte en esta necesidad mágica de que todo se solucione por sí solo, sin una acción o decisión nuestra.
Esta situación a veces no es tan clara, no nos damos cuenta de que utilizamos nuestras evasiones como solución y esto se manifiesta en una interacción poco sana con la pantalla.
Nos aferramos tanto a las historias ficticias que nos olvidamos de nuestra realidad, depositamos nuestras angustias en esas historias, angustias trasladadas de nuestra vida real, situación que no podemos ver.
Debemos en estos momentos encontrar un límite que corte el círculo vicioso de evasión de la realidad, para convertir el entretenimiento en lo que realmente es. Y a veces este corte necesita de un asesoramiento externo a nosotros mismos, ese momento en donde debemos pedir ayuda con un psicólogo profesional que nos oriente en lo que nos está pasando.