Siento que nací en el cuerpo equivocado.
Nuestro cuerpo representa mucho más que aquel «cascarón» que envuelve nuestros órganos. Para ir aún más lejos en la reflexión, podemos decir que nacemos con un organismo que contiene todo lo necesario para respirar, latir, y vivir como ser vivo, y que el cuerpo es un más allá de ello.
El cuerpo se encuentra cargado de simbolismo, es decir se nutre y se ve gracias a la interacción con el medio ambiente, gracias a esa interacción con la familia, los amigos que nos emiten palabras que nos hacen saber lo «lindos, buenos, amables, conflictivos, etc.» que somos. Es un modo implícito de constitución de nuestra identidad, personalidad, etc.
Nuestra identidad entonces está conformada por una interacción entre lo interno y lo externo. No somos puras «esponjas “que absorbemos todo lo que nos emiten, hacemos uso de un «filtro» interno sobre todo lo que recibimos, que marca nuestra propia elección en la vida, en todos los aspectos de ella.
Identidad sexual, un gran desafío
Las nuevas incorporaciones sociales en materia de género e identidad sexual, poco a poco en algunas regiones del planeta se van incorporando a lo «aceptado» por la sociedad. Y realmente tenemos que decir que, es un avance para quien no siente que la biología coincide con lo que sienten, aunque a veces se sigue sintiendo que hay un límite más interno para aceptar lo que sentimos.
«Rosa para las nenas, celeste para los nenes»
Las categorizaciones referentes a los colores, por ejemplo, marcan mucho de una idea de lo que se «debe “para tal o cual género. Lo mismo ocurre con los deportes y los juguetes. En una sociedad categorizada siempre en dos, los límites para las personas que no se identifican exclusivamente con un lado, son inmensos. Esos límites se «arrastran» a lo largo de todas las decisiones a lo largo de su desarrollo, a lo largo de todas sus elecciones.
Mirarse al espejo y encontrar que no te identificas con el cuerpo que te ha tocado se vuelve todo un problema. Por ejemplo, si tu biología marca que eres un hombre y no sientes ello, allí comienza un gran recorrido a hacer. Y lo más increíble de «tener que » comenzar este recorrido, es que estamos hablando de algo que tu sientes, algo que nadie debería o tendría el derecho a regular.
Aquello tan íntimo como es lo que sentimos, debería tener categoría de derecho y, socialmente, muchas veces, no es así como ocurre.
Nuestra identidad de género marca una necesidad, que va más allá de lo orgánico. Habla de algo íntimo que nos acompaña en todas nuestras elecciones sinceras, que nos acompaña en nuestro camino hacia la constitución de una identidad pura y real propia. Esa construcción, si logramos hacerla, es el mayor logro al que podemos llegar. ¿Sabes por qué? Sencillamente porque vives con relación a lo que deseas y no en relación a lo que imponen que debes desear.

Un largo camino de deconstrucción y de construcción.
Hagamos este ejercicio. Pensemos en un edificio enorme y viejo, ubicado en el centro comercial y turístico de una ciudad bien moderna, tecnológica y con construcciones más funcionales y adaptadas a las necesidades de cada persona que llega para visitar aquella ciudad, pero también para sus habitantes.
Imaginando este escenario, comenzamos a preguntarnos porque aquel edificio está allí. Los habitantes de aquella ciudad pueden decir y sentir que es necesario sostener aquella estructura allí, más allá que ya no pueda usarse como antes se usaba.
Aquella modernidad y actualización responde a las necesidades de una sociedad diferente a la que existía en el momento de construcción de aquel viejo edificio. Es una sociedad que se fija en otras cosas, que tiene nuevas necesidades y las manifiesta haciendo uso de lo nuevo, sintiéndose parte de aquello más adaptado a sus necesidades.
Aquel edificio
No se trata de destruir todo, tirar todo por la borda y armar una nueva sociedad. Por el contrario, se trata de abrir aquella dura estructura a lo nuevo, deconstruir lo que no es útil para algunas cosas y construir integrando.
Entender que sentimos algo diferente a lo que el resto de modo homogéneo cree que siente, no implica romper violentamente ello, sino intentar construir nuestra identidad sexual, de género desde el respeto y el entendimiento del otro.
Si necesitamos ser entendidos en nuestro sentir, también debemos hacer el esfuerzo para acercarnos a quienes no nos entienden y no entendemos.
Es muy importante respetar nuestro deseo.
Nunca debemos dejar por fuera lo que sentimos. Cuando algo nos hace ruido lo que va a darnos un camino que alimente nuestra calidad de vida, es enfocarnos en aquello que sentimos. Permitiéndonos a nosotros mismos sentir, porque a veces no lo hacemos. Y siempre encontraremos aquellos que no nos entienden, pero recuerda que ello es parte del desafío también.
Deconstruir conceptos de nosotros mismos para construir otros nos da herramientas que constituyen nuestra identidad integral. Puedes sentirte sólo en este camino, si no sabes cómo comenzar, pide ayuda, no te quedes sólo en este desafío. Puedes consultar a un profesional psicólogo que va a orientarte en cada paso.